21.6.08

Día cuatro. Sábado. Futuros cineastas, pintores, fotógrafos, escultores, músicos y médicos.

Tengo que mejorar mi capacidad de síntesis o esto será un locura. Desvelado. Un par de buenas conversaciones, una tempranito y la otra más cerca del medio día me dejan un tanto agotado. Salgo con mi garrafón a buscar agua y no encuentro en toda la colonia. Más lejos es muy lejos. Leo las noticias de nuevo: M. sigue peleando con Z. lejos del bajo perfil y lejos de casa,

Por la tarde se arma la reunión de Mundos Inéditos, la escuela-productora de cine que estamos armando. Toma forma, se ve de verdad y en serio al fin. De pronto muchas cosas que se miraban complejas entre todos cobran sentido, se adivina un proyecto fuerte, con ganas de cambiar la inercia. La claridad de Xuno y los sueños de José Alfredo son nuevos bríos a todo esto. Terminamos brindando y agradeciéndonos un@s a otr@s.

Me encuentro a Arturo y hablamos de la exposición de agosto. Él sus pinturas, yo unas fotos. Me pone retos. Cada quien sus piezas pero hacer una conjunta, imprimir sobre metal, emulsionar superficies rugosas, revelar un trozo de fierro de dos metros... aquí no hay soluciones digitales. No todavía, pienso después, ya se me ocurrirá algo.

Luego, con Daniel, nos lanzamos a la exposición de Eusebio. Yo no entiendo mucho de escultura —¡que me oiga mi padre!— pero si pude impresionarme por el enorme trozo de roca que era la pieza principal de la expo, que si me sorbraran, seguramente si pagaría los 35 mil pesos que cuesta. De las demás rocas, me gustó sólo una, la última. Y no porque las demás estuvieran gachas, sino, como dije, porque no entiendo mucho de escultura. Afuera, el fandango. Veo a uno que se parece al tal "pancho" (el más reciente agresor sexual denunciado por la big sister), pero no me animo a preguntar.

La jarana me aburre y vuelvo sobre mis pasos. Ahora estoy en escuchando el jazz de Ameneyro en Perfidia —tu segunda casa, dice Monra.— Y si consideramos eso en función del tiempo-vigilia, puede que tenga razón, y que la primera sería entonces la chamba y mi tercera casa sería la de la Maya. Cierro la noche escuchando anécdotas de un grupo de médicos y las viscisitudes del trabajo en comunidad.

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