19.6.08

Día dos. Entre biólog@s y delgadillofans.

M. la más pequeña de mis hermanas, me escribe para avisar que vendrá a Chiapas por un mes, antes de irse al Smithsonian (el mismo de Bones, aunque en la serie le dicen el Jeffersonian). Aunque M. irá a la versión tropical.

Me lanzo al foro “Bosques, agricultura y sociedad: cultivando nuevas alianzas”, una iniciativa de Bruce y Helda donde se aventaron el tiro de juntar a tirios y troyanos en un mismo espacio para discutir las diferentes perspectivas alrededor del eje bosques-agricultura-sociedad desde los actores campesinos-científicos-conservacionistas. La convocatoria la hacen Ciesas, Ecosur, Desal, CECCAM y NWAEG. Me pierdo la ponencia de Aldo Gonzalez, de Oaxaca, pero alcanzo una parte de Felipe Íñiguez, del Movimiento agroecológico latinoamericano, vestido como de huichol (o wixarica, supongo). Luego pasa Ron, de ciesas, con su tierna fantasía acerca de la milpa maya. Esos antropólogos del ciestas, tan exigentes para sus aspirantes a posgrado, tan permisivos con sus investigadores de planta. Cada vez que decía "los mayas hacen esto" "los mayas piensan lo otro" me lo imaginaba haciendo trabajo de campo desde Cancún hasta Honduras y el norte de El Salvador, como para poder hacer categorías y sentencias tan generalizantes. A veces creo (y seguramente me equivoco) que tanto romanticismo alrededor del "conocimiento ancestral" sólo construye un muro que impide ver la identidad y la problemática contemporánea. En fin.

Pero donde empezó la emoción fue cuando pasó Rosa María, de Pronatura Chiapas. Su ponencia me gustó porque se ve que sabía que se enfrentaría a un público hostil. En más de dos ocaciones culpó al sistema neoliberal de los problemas ambientales, en lugar de los campesinos, usual suspects de su organización. Nomás no podía imaginármela hablando en esos términos en una reunión de organizaciones ambientalistas o de los prominentes patrocinadores de su ong. Pero logró convencerme de la sinceridad de sus palabras. Pero en la ronda de preguntas, Ana, ex Compitch, le arrojó una serie de cuestionamientos acerca de los orígenes de su organización, sus patrocinadores (los garza sada, femsa) y sus intereses ocultos. Para defenderse Rosa María tuvo que deslindarse de todas las otras Pronaturas del país. El coraje le duró bastante rato.

Ana hace su pregunta, mientras en la última diapositiva
de Rosa queda la pregunta ¿las alianzas son factibles?

Me encanta Ana cuando hace esas preguntasponenciamadrizas. Para poder hacer algo así yo tendría que prepararme dos semanas, sabiendo de antemano que dirá el o la ponente. Pero ella parece que improvisara, y espeta datos, referencias, nombres, evidencias. Y no se amuina. Aunque me hubiera gustado que en lugar de hablar de los millonarios patrocinadores regiomontanos hablara de los menos millonarios patrocinadores sancristobalenses y de su papel en el despojo de tierras y ataques a las tradiciones de comunidades de Los Altos. Pero la entiendo, de eso lo mejor es guardar silencio.

Por la noche nos fuimos al concierto de Fernando Delgadillo. Carísimo. Empezó cuarenta y cinco minutos tarde. Yo chiflaba y aplaudía para presionar, pero sus fans de la primera fila volteaban indignados para callarme. Empezó a tocar sin disculparse y con un formato medio de hueva, alternando con poesía marina (la palabra maradentro apareció al menos cuatro veces entre poemas y canciones). Es la hora del autocantor, decía cuando sus fans pedían alguna canción. A la segunda mitad dio paso a las complacencias y los clásicos se hicieron presentes. Mientras todos gritaban "Hoy ten miedo de mi" o "Carta a Francia" yo gritaba "Una de Nicho" y "Ojalá" (que por cierto, si tocó, al menos las notas iniciales). Andaba en plan mamón, pues.

Al final me cayó bien. Era un concierto que me debía, de esas cosas que sabes que tendrás que hacer algún día aunque no te emocione demasiado. Monra me convenció de ir a la mera hora. No sólo terminó gustandome, sino que me provocó una serie de emociones que me cayeron de sorpresa. Volví a Enriqueta Carrillo de Pereira, en la Santa María, escuchando a Santiago, sentado junto a Javier y Alicia. Y entre chiste y chiste me dio por imaginar, por volver a mirar, por pensar que a pesar del tiempo y la distancia...

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