22.10.08

El poeta plástico

El escritor Pablo Salmerón en la inauguración de la exposición "Recycled elegant man", de Theo Toy

En su aventura, el poeta decide buscar palabras, envilecerlas, trastocarlas. Sale de si para dibujar paisajes que solo él mira, define mundos que no se nombran donde habitan los nombres y los propios, traza rutas que nadie recorre pero todos andan al tiempo, escarba en la mina del vacío montado en su metáfora candente.

El poeta Pablo, igual que muchos más, decidió ser distinto. Siempre se presenta diciendo: "Voy a leerles algo que no están acostumbrados a escuchar" y se lanza al ruedo con sus retruécanos y catacresis a develarnos esos misterios de su poesía sin miedo.

Su nueva peripecia es adornar con letras exposiciones plásticas. Se vuelve autor de si mismo y se coloca como una pieza más del tinglado. Y helo ahí, intentando conciliar el afán descriptivo que los pintores esperan con su estilo incoloro, sus tropos silépticos encerrados en un referente bidimensional.

Se nota el esfuerzo de ajustarse al marco, los versos se vuelven inconexos, la metonimia un recurso auxiliar que salva, más de una vez, el tener que decir rojo cuando es rojo. Sabedor de nuestras costumbres, de nuestros hábitos, sabedor de los suyos, que lo hacen monje catequista de la prosopopeya, no se amuina, sigue adelante sin que sus letras se rebelen, se revelen.

Nos faltan héroes, nos faltan poetas. Pablo, desde su pedestal plástico, con sus lances temerarios, le va dando sentido a la frase y se apunta para llenar el hueco.

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