8.11.08

La mujer de mi vida

Pensándolo bien,
todas han sido
la mujer de mi vida

Efraín Huerta


En la mañana, en Xalapa, salí del hotel hacia la terminal de autobuses (la CAXA). La mujer de mi vida dormía en la habitación contigua. No nos despedimos, ni siquiera nos lanzamos una última mirada porque ni siquiera supimos que estábamos ahí.

Por la tarde, la mujer de mi vida me despedía en el aeropuerto de la ciudad de México, me decía adios mientras los guardias me detenían por sospechoso de tráfico de alcohol. Ella regresa a su nueva vida de farándula y regodeo mientras a mi se me va el avión.

Por la noche, en San Cristóbal, la mujer de mi vida me recibe con una cena caliente, y mientras cenamos le platico las aventuras del periplo. Al terminar la cena, me levanto de la mesa y me despido. Tomo un taxi mientras ell@s me despiden en la puerta.

Por la madrugada, al fin en casa, me despierta el frío.

1 comentario:

Cecilia Monroy Cuevas dijo...

He oído que existe un acorde secreto
que David solía tocar, y que agradaba al Señor.
Pero tú realmente no le das mucha
importancia a la música, ¿verdad?
Era algo así como la cuarta, la quinta
cae la menor y sube la mayor.
El rey, confundido, componiendo un aleluya.

Aleluya…

Bueno, tu fé era fuerte, pero necesitabas una prueba.
La viste bañarse en el tejado.
Su belleja, y el brillo de la luna, te superaron.
Te ató a la silla de su cocina.
Rompió tu trono, y cortó tu pelo.
Y de tus labios arrancó un aleluya.

Aleluya…

Cariño ya he estado aquí antes.
He visto ésta habitación y he caminado sobre éste suelo.
Solía vivir solo antes de conocerte.
He visto tu bandera sobre el arco de mármol,
pero el amor no es una marcha victoriosa.
Es un frío y roto aleluya.

Aleluya…

Bueno, hubo un tiempo en que me dejabas saber
que era lo que realmente sucedía allá abajo.
Pero ahora nunca me lo enseñas.
Pero recuerda cuando me uní a tí,
cuando la paloma blanca volaba también,
y cuando cada suspiro que dibujábamos era un aleluya.

Aleluya…

Bueno, quizá haya un dios allá arriba.
Pero todo lo que he aprendido sobre el amor
fue cómo dispararle a alguien que ha desenfundado más rápido.
No es un lamento que oigas por la noche.
No es nadie que haya visto la luz.
Es un frio y roto aleluya.

Aleluya…

Jeff Buckley

www.labengala.blogspot.com