4.4.09

"Esto es literatura"

El poeta Arbey Ribera me invita a participar en el encuentro "Al sur de la palabra". Participan (amos) escritores de diferentes partes del páis: Chiapas, Tabasco, estado de México, Distrito Federal y varios más. También, como parte del encuentro, hay teatro, música y una exposición.

Me toca en la primera ronda de lectura. A la hora acordada el auditorio está semivacío y apenas están colgando el telón de fondo, descubro que para estar a tono con las festividades del 2009 le han puesto un subtítulo: "Jaime Sabines, 10 años después". Salgo por un cigarro, tomo un café en "Sorbo y aroma", regreso. El auditorio está repleto, mucha, mucha gente. Busco alguna cara conocida entre ese numeroso público. Nadie. Los nervios se alojan en la garganta, una ligera taquicardia y una bolsa del super que no le puedo encargar a nadie.

Un mes antes me piden mi "Trayectoria". Pienso en la hueva que me provoca esa sección de las lecturas: "ha participado en no sé cuantas revistas desconocidas, se ganó el premio fulanito que le dio su primo y ha publicado quien sabe cuantos lbros que le imprimió su mamá en la fotocopiadora de la oficina", como si fuera necesario, como si fuera cierto. Es más un paro de organizadores y editores: "Les vamos a explicar a quienes no lo conocen por qué invitamos a tal".

Mando un texto donde trato de no decir nada de eso, explicar mi presencia en ese lugar, pero sin permitirme un ejercicio de onanismo de solapa:

Inicios
En cuarto de primaria (escuela Flavio A. Paniagua) fui castigado por el maestro Efraín, quien estaba convencido de que el poema que entregué de tarea había sido copiado.

Elogio trágico condimentado con el hecho de que es el único texto escrito por mi que ha ganado un premio, pero no a mi nombre (lo presté para una tarea de alguien más, a quien si le reconocieron la autoría pues su buen comportamiento no dejaba lugar a dudas).


Ahí supe que la buena literatura no depende de la creación, sino de la buena conducta.


Arbey presenta a la escritora que me precede. Igual: "participó en el taller de don señor, ha escrito y publicado, dirige, conoce". Ella lee, con firmeza, sin prisa pero con pausa, termina. Igual leen todos lo que siguen, alguno grita para ganarse al público, otra se desgarra, todos bien, menos yo, nervioso y tratando de que todo terminara pronto.

¿Quiénes son los poetas contemporáneos? Sin duda no son sus libros, ni sus premios, pues la poesía es para la crítica uno de los territorios más subjetivos e indefinidos, donde los únicos criterios que producen consenso son sumamente burdos: te gusta o no te gusta.

Te constituyes poeta en función de una autoadscripción legitimada por tus pares, cuyo tamaño e influencia determinarán los alcances de tu obra. Demográficamente hay una prevalencia de poetas del tema, que versifican sus anécdotas, riman sus amores y desamores, encabalgan sus opiniones. Esto hace que en el Olimpo literario este tipo de escritura sea un tabú. Los "buenos poetas" no escriben sobre algo, es más, ni siquiera cuando no están escribiendo son capaces de opinar sobre temas extra-literarios. México está dividido entre los que leen a Sabines y los que quieren escribir como Paz.

Los presentes en este encuentro pertenecen, además, a la familia de escritores del margen, que piensan que hay un camino por recorrer más allá del que las rodillas de aquellos que han accedido al Olimpo. Me da mucha emoción siempre que los veo, llegan con sus libros autoeditados, los colocan en una mesa, en un tapete, en un atril, los venden, los intercambian, aunque de lo que vendan dependerá la diversión más tarde. Son juglares, son gitanos que van por ahí leyendo la mano del mundo. No sus textos, sino su osadía me hacen sentir pequeño, ajeno, diletante.

Arbey lee mi "Trayectoria". Pero no es la mía, está leyendo la de alguien más. "Estudió lengua y literatura hispánicas en la UNAM, es director de la revista El digno chipotlón y la mengambrea kakorrafiofóbica, es dictaminador de la editorial Grijalbo...". Me asusto más, me pongo más nervioso. Yo no "soy" todas esas cosas. Ni siquiera creo que lo haya sido. Y era otra vida, otra persona, otra ciudad, un pasado del que escapo.

Dudo. ¿Habré escrito yo todo eso? Lo escribí tal vez, pero decía que no era importante, lo importante eran las personas alrededor de eso, los motivos, las sensaciones. Sólo les faltó decir que voy a talleres literarios y que leo Letras libres para que quedará dibujada la personalidad de un ñoño que se toma la literatura en serio. Para terminar, ya sin leer, Arbey agrega "y debo decir también que Leonardo es fotógrafo, y un fotógrafo muy bueno". En la defensa del territorio, del campo bourdieano, siempre me encuentro con estas señales provocadas por mi falta de hábito (que no habitus). Entre antropólogos soy un comunicólogo exiliado y sin compromiso, los fotógrafos no pierden oportunidad de mandarme a escribir, y los escritores, más sutiles, sugieren. Por suerte no estoy buscando club ni campo, y por suerte hasta ahora no me ha dado por decirles a qué creo que deberían de dedicarse.

Estudios
Sin duda, mis estudios literarios tuvieron un gran impulso en la secundaria (EST #1), cuando enamorado de mi maestra de español (Patricia Benitez) decidí ser su mejor alumno.

La licenciatura en lengua y literatura hispánicas (FFyL-UNAM) podría ser la mejor referencia de estudios literarios, pero casi todo el tiempo estaba jugando dominó en la cafetería, o grillando o fumando o flirteando. Luego vino la huelga de 1999 y el tiempo libre tuvo consecuencias que me impidieron terminar la carrera.


Tuve dos novias que estudiaban en la SOGEM pero no creo que eso tenga algún tipo de relevancia literaria (la sogem, no las novias).


Trabajo Por recomendación de un androide planetario trabajé como dictaminador en editorial grijalvo-mondadori, gracias a lo cual conocí a una de las más hermosas editoras del mundo (Miriam Martínez) de quien aprendí cosas esenciales de la literatura, la industria editorial y que, además, inspiró mucha de mi producción literaria posterior.

Así seguía el texto que mandé y nunca fue leído tal cual. Obviamente, después de esa presentación no me interesa quedarme mucho tiempo más. Al terminar la ronda de lectura doy las gracias y salgo corriendo a casa con mi bolsa del super sudada y arrugada.

Es otro día, llegan compañeros poetas a preguntarme cosas sobre el pinche resumen biográfico y no sobre los textos que leídos. Es triste y vergonzozo. "¿conoces gente en Grijalbo?", "¿dónde se distribuye tu revista?". No voy a ninguna de las fiestas del encuentro por temor a que piensen que soy quien no soy.

Otro día. Me encuentro a Arbey. "Cambiaste todo lo que te mandé" le dije sonriente para evitar altercados, "es como si hubieras presentado a otra persona".

—Pero eso fue lo que nos mandaste
—Pues si, pero conjugado en otro tiempo.
—¿De verdad?
—Si, parece que yo fuera el que ya no soy, y como lo editaste y le quitaste los chistes, parece que tampoco fuera el que ahora soy.
—¿Cómo crees que íbamos a poner los chistes? ¡Esto es literatura!

Y se fue.

Los organizadores del encuentro y el presentador. Foto de Naibaf

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buena catarsis...¿no? ¿angustia disfrazada de mamonez????? No importa, está simpático.

Bienvenido a la Sociedad: ¿Quieres "escribir tu libro" (reconocimiento)? Bienvenido a la Sociedad :D

Suerte.
(jajajaja)