5.5.09

Crónicas del encierro: 1. De plebes y reinas


Encerrado por dos semanas, The Tudors, toda la primera temporada en un par de días. Es la Inglaterra del s. XVI, cuando Enrique VIII tramita su divorcio de Catalina de Aragón para oficializar su relación con Ana Bolena. Una producción de la BBC con exteriores digitales, intrigas palaciegas y un casting con mucho "maquillaje" histórico (es curioso como les ha dado por privilegiar le belleza de la Boleyn por encima de su fuerza, y como, tanto en "The Tudors" como en "The other boleyn girl" le han blanqueado la tez, mucho más que los pintores de la época).



En un par de capítulos la serie trata de la "enfermedad sudante", una enfermedad misteriosa y terrible, fiebre y sudor como síntomas, muerte en dos o tres días como resultado. El "Sudor anglicus" (sudor inglés, fiebre del sudor) mató a muchas personas en unos cuantos meses. Una de sus características curiosas es que sólo mataba ingleses, la otra es que no sólo mataba a la plebe sino que atacaba por igual a la nobleza encerrada en sus castillos. La BBC, para ahorrar, decidió presentar enfermos tanto al cardenal Wolsey como a Ana Bolena al mismo tiempo, cuando en realidad ("en realidad" ¡qué tipo tan presuntuoso!) estos personajes presentaron los síntomas con años de diferencia.


El asunto, el paralelismo que quería trazar es que la plebe inglesa estaba aterrada por una fiebre sudorosa, la gente andaba en la calle embozada, evitando el contacto con los demás, nadie sabía nada, los médicos de la corte no tenían respuestas, el rey se escondió en un castillo lejano (no hay pruebas de que también haya agarrado la peda) de mal humor, asustado, sin saber qué hacer. Frente a la ausencia de explicaciones, esa plebe, sobre todo los más católicos, empezaron a circular el rumor de que la culpa de todo la tenía el rey. Había "alguien", más poderoso que el rey, que había inventado la enfermedad, la había diseñado para que sólo matara ingleses y la había soltado. Todo ello como resultado de la conducta impropia de su gobernante.

Casi tres siglos después...

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