3.6.09

Nombrar el mundo

"Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje", dijo Wittgenstein. En realidad dijo "Die grenzen meiner sprache bedeuten die grenzen meiner welt" lo cual significa otra cosa, pero una traducción no literal nos ha permitido darle al lenguaje y al mundo posibilidades otras, más aplicables a un contexto social donde la posesión de herramientas discursivas va emparejado con el ejercicio del poder y por tanto, de la significación.

En la propuesta del cabildo sancristobalense de sancionar con multas a los grafiteros hay una línea que llamó mi atención desde el principio: "últimamente se han incrementado de manera irracional las pintas (llamadas erróneamente graffiti) en diversos inmuebles tanto públicos, como particulares" la cual es digna de análisis —que espero algún día alguien haga.

Por un lado el incremento irracional, que implica la posibilidad de un incremento racional, basado, por supuesto, en criterios de medición inexistentes, subjetivos, emocionales, por tanto, irracionales. Un mise en abîse delicioso.

Otra es el haber hecho la contraposición de público con particular, en lugar del más común privado. La respuesta podría estar en el habla, pues en Chiapas tod@s sabemos que privado es lo mismo que desmayado o inconsciente (igual que el "recto" se usa en lugar del "derecho", sea por una analogía con los productos de dicha facultad o bien una distinción geométrica, pues en este lugar el derecho casi nunca está libre de torceduras y vericuetos).

Pero lo que me resulta más interesante es la afirmación de que hay algo lamado pintas, a las que erroneamente se les llama graffiti. Ahi se detiene la especificación, no hay más líneas donde definan sus conceptos, no hay una descripción "correcta" de lo que si es el graffiti y por supuesto, tampoco se nombra a aquellos que llaman erroneamente a las pintas. Es pedir demasiado.

La distinción entre pinta y grafiti es algo que se discute desde hace tiempo. En casi todos los casos con la intención de ubicar al grafiti en el territorio del arte y la expresión individual, para dejar a las pintas en el fangoso territorio de la política y las expresiones sociales. Estas definiciones son las mismas que ubican a 1969 como año cero, al Taki 183 como fundador y a Nueva York como la ciudad que lo vio nacer. La escuela gringa de fulanito was here.

Sin embargo, en los ochenta, mientras en las ciudades estadounidenses los crews se conformaban en una búsqueda incesante de convertirse en figuras reconocidas y alcanzar estatus, en la ciudad de México las pintas de las bandas formaban parte de la lucha encarnizada de los clanes por el control de territorio y en donde cualquier línea en una calle ajena era una manifestación más de una batalla a muerte.

Dotados de una herencia visual más rica, más vasta y diversa, los pintores y escritores callejeros de México complejizan las definiciones y distinciones entre pinta y grafiti. Norte y Occidente sumergidos en la imitación importada del tag y el bubble, Sur con discursos anquilosados y repetitivos de "patria o muerte" y un centro colindante abrevando del rock y el 68.

En San Cristóbal de los 2000, donde convivían manifestaciones declarativas como "gora euzkal herrería" con "ponemos las palabras donde faltan las ideas", cada una con múltiples dificultades de recepción e intentio, apareció el esténcil, como una manifestación sintetizadora, donde se conjuga la expresión artistica con la declaración política o de principios éticos. Al mismo tiempo creció y recibió impulso la creación de un grafiti menos comprometido, más cercano a la expresión y dinámica global, aparecieron (o se empezaron a nombrar así) los crews, el breakdance y los dj's.

Entre tod@s tomaron las calles. Nunca de acuerdo, con diferentes objetivos e intenciones.

En la declaración del cabildo sancristobalense, al transformar toda la expresión callejera en una sola, al establecer la distinción pinta-graffiti, logró dos cosas: unificarlos, reunirlos y organizarlos por un lado y por el otro, en una versión cuáchalas de Humpty Dumpty, transforma expresiones asépticas de simple reconocimiento individual y competencia, en "pintas", en manifestaciones políticas ilegales —que supongo por los hechos y declaraciones que hemos visto, que las asumen como adversas—.

Nombrar el mundo no lo crea, nos permite distinguirlo, separarlo en las partes que alcanzamos a reconocer. Es al nombrarlo que conocemos de las dimensiones, es al nombrarlo que en lugar de una superficie plana y caótica podemos distinguir mesa, silla, mantel, vaso, vela, persona. En los muros de San Cristóbal, donde unos ven firmas, expresiones, trazos, otros ven manchas, debido, sin duda, a los límites de su lenguaje. Los pequeños Humptys pueden seguir creyendo que su limitado poder hará que las palabras signifiquen lo que ellos quieren.

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