22.6.09

19.6.09

Llueve en San Cristóbal

"Estas estampas nos enseñan: la lluvia divide a los hombres en tres clases. Unos quedan al abrigo en su casa. Otros tienen que caminar a la intemperie. Están expuestos a la furia del elemento. Un tercer grupo camina bajo la lluvia, previsto de paraguas.


En el poyo del zaguán están sentadas dos mujeres. Un chamaquillo en cuclillas delante ellas. Una de las mujeres viste un güipil. Se refugiaron ahí porque afuera el cielo está lloviendo. No tienen paraguas.
En la ciudad vive un paragüero. Cuando empieza a llover, dice: Bendita el agüita. ¿Adivinas, porque habla así?."

José Weber
Imágenes de San Cristóbal (para sus párvulos)
Editorial Fray Bartolomé de Las Casas, 1981

12.6.09

Marcha de grafiteros, 10 de junio de 2009


"Somos jóvenes y contrario a lo que se cree somos conscientes, creativos, artistas, solidarios, inteligentes, autónomos, y estamos hartos del sistema capitalista que trata de pasar sobre nosotros, llamándonos vagos, delincuentes, violentos, usando la policía para intimidarnos".
Mensaje leído al final de la marcha.


"Ya vamos llegando/y Mariano está temblando"


El arte no es crimen


“…les hacemos saber que si dañan edificios, bola de bandidos lo van a pagar, porque son una banda de delincuentes… así como ustedes lo hacen a escondidas, les vamos a partir la madre en el anonimato”.
Anónimo atribuido a la presidencia municipal, 9 de junio.


“Si yo tengo un hijo que no esta dentro de la ley, yo mismo la encierro, porque yo quiero un hijo de bien para la ciudadanía”.
Sra. Sofía López Hernández, ciudadana sancristobalense


"Cuando hay ignorancia no hay tolerancia"


"Es momento de despertar y hacerle ver a todos que no hay que luchar contra la juventud, no somos enemigos, somos parte de la comunidad”.
Conferencia de prensa. 8 de junio de 2009

"La juventud no es mala, no debe ser domesticada ni moldeada a nuestro gusto, no es rebelde es inquieta, es joven, con energía, y se resiste a tanta basura impuesta por el sistema y por la televisión. A cambio recibimos engaños, piedras, humillaciones, insultos, golpes y balas”.
Conferencia de prensa. 8 de junio de 2009

Más fotos

3.6.09

Nombrar el mundo

"Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje", dijo Wittgenstein. En realidad dijo "Die grenzen meiner sprache bedeuten die grenzen meiner welt" lo cual significa otra cosa, pero una traducción no literal nos ha permitido darle al lenguaje y al mundo posibilidades otras, más aplicables a un contexto social donde la posesión de herramientas discursivas va emparejado con el ejercicio del poder y por tanto, de la significación.

En la propuesta del cabildo sancristobalense de sancionar con multas a los grafiteros hay una línea que llamó mi atención desde el principio: "últimamente se han incrementado de manera irracional las pintas (llamadas erróneamente graffiti) en diversos inmuebles tanto públicos, como particulares" la cual es digna de análisis —que espero algún día alguien haga.

Por un lado el incremento irracional, que implica la posibilidad de un incremento racional, basado, por supuesto, en criterios de medición inexistentes, subjetivos, emocionales, por tanto, irracionales. Un mise en abîse delicioso.

Otra es el haber hecho la contraposición de público con particular, en lugar del más común privado. La respuesta podría estar en el habla, pues en Chiapas tod@s sabemos que privado es lo mismo que desmayado o inconsciente (igual que el "recto" se usa en lugar del "derecho", sea por una analogía con los productos de dicha facultad o bien una distinción geométrica, pues en este lugar el derecho casi nunca está libre de torceduras y vericuetos).

Pero lo que me resulta más interesante es la afirmación de que hay algo lamado pintas, a las que erroneamente se les llama graffiti. Ahi se detiene la especificación, no hay más líneas donde definan sus conceptos, no hay una descripción "correcta" de lo que si es el graffiti y por supuesto, tampoco se nombra a aquellos que llaman erroneamente a las pintas. Es pedir demasiado.

La distinción entre pinta y grafiti es algo que se discute desde hace tiempo. En casi todos los casos con la intención de ubicar al grafiti en el territorio del arte y la expresión individual, para dejar a las pintas en el fangoso territorio de la política y las expresiones sociales. Estas definiciones son las mismas que ubican a 1969 como año cero, al Taki 183 como fundador y a Nueva York como la ciudad que lo vio nacer. La escuela gringa de fulanito was here.

Sin embargo, en los ochenta, mientras en las ciudades estadounidenses los crews se conformaban en una búsqueda incesante de convertirse en figuras reconocidas y alcanzar estatus, en la ciudad de México las pintas de las bandas formaban parte de la lucha encarnizada de los clanes por el control de territorio y en donde cualquier línea en una calle ajena era una manifestación más de una batalla a muerte.

Dotados de una herencia visual más rica, más vasta y diversa, los pintores y escritores callejeros de México complejizan las definiciones y distinciones entre pinta y grafiti. Norte y Occidente sumergidos en la imitación importada del tag y el bubble, Sur con discursos anquilosados y repetitivos de "patria o muerte" y un centro colindante abrevando del rock y el 68.

En San Cristóbal de los 2000, donde convivían manifestaciones declarativas como "gora euzkal herrería" con "ponemos las palabras donde faltan las ideas", cada una con múltiples dificultades de recepción e intentio, apareció el esténcil, como una manifestación sintetizadora, donde se conjuga la expresión artistica con la declaración política o de principios éticos. Al mismo tiempo creció y recibió impulso la creación de un grafiti menos comprometido, más cercano a la expresión y dinámica global, aparecieron (o se empezaron a nombrar así) los crews, el breakdance y los dj's.

Entre tod@s tomaron las calles. Nunca de acuerdo, con diferentes objetivos e intenciones.

En la declaración del cabildo sancristobalense, al transformar toda la expresión callejera en una sola, al establecer la distinción pinta-graffiti, logró dos cosas: unificarlos, reunirlos y organizarlos por un lado y por el otro, en una versión cuáchalas de Humpty Dumpty, transforma expresiones asépticas de simple reconocimiento individual y competencia, en "pintas", en manifestaciones políticas ilegales —que supongo por los hechos y declaraciones que hemos visto, que las asumen como adversas—.

Nombrar el mundo no lo crea, nos permite distinguirlo, separarlo en las partes que alcanzamos a reconocer. Es al nombrarlo que conocemos de las dimensiones, es al nombrarlo que en lugar de una superficie plana y caótica podemos distinguir mesa, silla, mantel, vaso, vela, persona. En los muros de San Cristóbal, donde unos ven firmas, expresiones, trazos, otros ven manchas, debido, sin duda, a los límites de su lenguaje. Los pequeños Humptys pueden seguir creyendo que su limitado poder hará que las palabras signifiquen lo que ellos quieren.

2.6.09

Sobre el graffiti como arte

En estos días de discusión alterada permanente sobre la condición legal del graffiti, me he topado más de una vez con amigos y conocidos poniendo en duda su pertinencia artística. Frente a cada argumento contundente que remata con un "...además, eso ni es arte" imagino estar hablando con un experto de principios del siglo pasado frente a cualquier expresión de las vanguardias, al igual que cuando personas de mi aprecio dicen "los graffiteros se merecen la cárcel" tengo un deja vu ochentero, cuando mucha gente decía respecto al sida: "se lo merecen por putos y promiscuos". Ignorancia categórica, xenofobia disfrazada de buen gusto y una percepción respecto al arte bastante reducida. En un país donde los artistas son representados por la "normal" Galilea Montijo, eso es comprensible.

Hace unos años, en un homenaje que le hicieron en Tuxtla a Carlos Jurado, alguien del público le preguntó si creía que la fotografía podía ser considerada arte (no cualquier alguien, el que preguntó es nada menos que ¡dueño de una galería!). En lugar de regañarlo como minutos antes lo había hecho con el director del Centro de la imagen, el maestro Jurado procedió a darle una clase, explicándole qué es la composición y otras obviedades, que nos dejaron a todos satisfechos.

Pasa que quisiera un poco de esa claridad, de esa paciencia cuando se discierne sobre el grafiti y el street art. Explicar respecto al trazo, los bocetos, las superficies, las sombras, los estilos... Mucha paciencia.

Pasa que con estos adoradores de la estética del block, de los que se solazan y extasían frente a muros monocromáticos, defensores de los sublimes grises del tabique, cualquier cosa diferente a lo que sus ojos han visto todos los días de su vida suele resultar chocante. Explicar entonces el largo camino desde los tags al abstracto, de las bombas burbujeantes al trhow up vomitador, o clavarme en las sutiles diferencias entre el wild style, el wild style dinámico, el wild style estático, el semi wild style y el hiper wild style o California style. O bien, hablar de la paradójica cercanía estilística entre el dirty y el orgánico.

O de pronto, imaginar que podríamos estar hablando del post-grafiti y sus ejemplos más acabados en las calles de San Cristóbal.

No podría. Por la falta de paciencia y por la falta de conocimientos. Pero hace falta que alguien lo diga.

Y nada muy elaborado. Nada de entrar a discusiones profundas. No se trata de convencer del estatus de arte de ciertas manifestaciones grafiteras que ni siquiera se lo cuestionan ni lo intentan. Para qué discutir sobre técnica-expresión-práctica-permanencia-universalidad o cualquier otro de los conceptos-discusión del arte. Vamos a lo mundano: el mercado y sus espacios de cotización.

Para much@s sería suficiente la lista de museos y galerías que han presentado exposiciones, desde los del United graffiti artists (1975-Nueva York), la de Arte di frontera en el Palazzo delle esposizioni (1984-Roma), o las de Street art que ha hecho el Tate de Londres en esta década. Más de cincuenta exposiciones en todo el mundo en lugares reconocidos (y caros). Instituciones que legitiman una expresión que no lo pide ni lo requiere.

Y si, ya sé que en las grandes capitales del mundo todo está permitido. Pero en México también han habido importantes exposiciones, una en la UAM de Maréchal y otra en el Museo de la Universidad Autónoma de Baja California en el 2005. Este jueves, sin ir más lejos, el IMACP inaugura una expo en la que varios de sus participantes abrevaron y aprendieron sus técnicas en la mera calle y a golpe de spray. Sin olvidar, por supuesto, la participación de Luther Blisset (el de Sancris, no los otros miles de Luther Blisset) en la galería Studio Cerrillo, también en esta década, en esta ciudad.

Como ya sé que nada de esto será suficiente argumento para muchos, ni siquiera entraré a detallar fechas, estilos, precio de las piezas ni nada.

Aunque, pensando en los precios...

En el año 2001 un inglés (de Bristol, para ser preciso) anduvo turisteando por San Cristóbal. Venía en una caravana y en sus ratos libres se puso a pintar sus esténciles. Pintó varios, y los firmó: Banksy. Un señor, muy dueño de sí mismo y de su fachada, mandó a uno de sus empleados a borrar "esos garabatos que afean la ciudad", y así, cambió un Banksy por una mancha de pintura. En otra calle, un gringo que iba pasando tocó a la puerta de una casa también estencileada por el mismo sujeto, salió una viejecilla y el gringo le propuso un trato: le daba ese pedazo de pared y a cambio él se encargaría de que la remozaran y la dejaran del mismo color que antes. La viejecilla aceptó encantada. El gringo tiene un pedazo de pared de San Cristóbal con un Banksy estencileado en ella. No se lo quitó a la viejecilla, se lo quitó a las calles de San Cristóbal.

En febrero de 2009, Sotheby's puso a subasta tres piezas de un inglés, el mismo inglés, Banksy. Los precios de salida iban de los 11,000 a los 45,000 euros. Ojalá que la viejecilla de El Cerrillo y el señordueñodesímismoydesufachada no se enteren nunca.

Esténcil de Banksy en San Cristóbal. Foto de Michael Ramallah