25.4.12

Frecuencia Libre, diez años al aire

Texto escrito con motivo del 10 aniversario de la Frecuencia Libre, 99.1 FM, en el marco del foro "Haciendo radio, otras voces, otros oídos". Abril de 2012



Hace diez años

Durante mucho tiempo el radioescucha en San Cristóbal de Las Casas sólo tenía de dos sopas: una estación pública, XERA, que se movía al vaivén de los intereses políticos locales, y una estación privada, XEWM, que siempre se cuidó de ofrecer una visión sesgada de la realidad, una visión blanca, colonialista y parcial. Estas características les venían de origen por lo que poco podían hacer las buenas intenciones de operadores, locutores, reporteros y productores para cambiarlo. Y mientras que una cambiaba por completo cada seis años, incapaz de responder a un proyecto de largo plazo, la otra permanecía, permanece inamovible, con los mismos programas, formatos y música que cuando nació hace más de 40 años.

Las transformaciones que experimentó el valle de Jovel en la década de los 90 modificaron la demografía, con su consecuente desequilibrio político, por lo que el priismo posrevolucionario y el conservadurismo coleto dejaron de ser las únicas opciones, por ello mismo las dos estaciones de radio que representaban esta dicotomía, ahora invisibilizaban a dos terceras partes de la población, que ya no se sentían representadas, que no se reconocían en los altavoces de sus radios. Así, un grupo de personas decidieron hacer frente a este silencio en la primavera de 2002, creando la Frecuencia Libre, en el 99.1 de la banda de FM

Foto de Leonardo Toledo

Y la banda se liberó...

La nueva estación de radio trajo consigo muchas lecciones, desde estrategias de resistencia y negociación frente a un aparato gubernamental que pretendía una aplicación rigorista de la legislación, una XEWM que en primera instancia la vio como una amenaza a sus negocios, y sobre todo, un grupo de personas que debieron aprender a trabajar en colectivo, sin patrones, sin dirigentes, sin financiadoras (aunque permanece en la tarea de constituir a las y los radioescuchas como su máxima instancia de decisión); trabajar en colectivo suena chido, pero cuando ese colectivo está conformado por individualidades construidas en la urbanidad, con modos y maneras de la vida en la ciudad (y si, San Cristóbal es una ciudad) en donde las ideas del acuerdo, la compartencia y la convivialidad suelen ser dejadas de lado en beneficio de proyectos políticos, enemigos identificados y luchas de poder. Por todo eso ha debido pasar la 99.1

Pero la Frecuencia Libre también vino a renovar las voces y los oídos del dial sancristobalense, junto con las nuevas voces también aparecieron nuevos formatos, estrategias diferentes de participación y mucha mayor claridad en aquello de "hacer radio por gusto". Y todo ello tuvo repercusiones en la sociedad, en nuestra localsociedad, que no solo reclama la renovación del resto de las estaciones, sino que replicó la experiencia de hacer su propia radio una, dos, muchas veces, hasta tener ahora, diez años después, un panorama radicalmente distinto al que se tenía hace diez años, en el que las estaciones de radio en el valle de Jovel crecieron más del 2000%


Foto de Leonardo Toledo

Construir comunidad

En estos diez años la Frecuencia Libre ha pasado por diferentes etapas, cada una necesaria y seguramente común a todas las radios libres con estas características. Un punto de partida que exclamaba inmodestamente a "todas las voces aquí" (que suele convertirse en un luiscatorcenismo tipo "yo soy todas las voces" o bien, aplicado al caso, "yo represento al 99.1% de las voces), pero cuya apuesta a la diversidad permitió la experimentación sonora, la multiplicación de contenidos y en ocasiones, verdaderas aventuras radiofónicas. Pero sabemos que el caos tiende lamentablemente al orden. La persecución de que fue objeto la radio en esos primeros años estiró la liga que unía al primer grupo, hasta que reventó precisamente por su lado más fuerte: la diversidad. En busca de construcción de base social como estrategia de resistencia, se fueron estableciendo normas de conducta frente al micrófono (y fuera de él) que de cierto modo resultaron una camisa de fuerza para muchas y muchos de los radialistas, el respaldo social hubo de pagarse con decantación del equipo, pero permitió la sobrevivencia de la radio.

Una vez superados los primeros obstáculos y en cuanto el acoso gubernamental disminuyó, se dio paso a la "institucionalización" de la Frecuencia Libre, la instauración de un reglamento, así como de reglas claras de ingreso y permanencia apoyadas por mecanismos y procedimientos consensuados, que permitieron a las y los participantes tener claridad respecto a su posición, límites y posibilidades en el ejercicio de su ciudadanía radiofónica. Esta institucionalización permitió, al menos por un tiempo, conjurar las luchas de poder y ofrecer opciones de acuerdo ante las diferencias de posturas políticas y mediáticas.

La normatividad, sin embargo, permitió (de un modo bastante subjetivo aunque efectivo) que aquellas instancias familiarizadas con sus vericuetos tuvieran más posibilidades de participar, con lo que se dio paso a la "oenegenizacion" de la Frecuencia Libre, múltiples organizaciones con sede en San Cristóbal tuvieron sus propios programas desde donde pudieron plantear sus posturas, hacer trabajo educativo y de formación, así como lanzar arengas y campañas con fines específicos. A pesar de que todas las organizaciones que participan en la Frecuencia Libre parten de un piso común, su propia constitución y dependencia de exoestructuras vinculantes pero desvinculadas ha ido sembrando un panorama de pequeñas ínsulas, limitando la construcción colectiva de la radio.

En la actualidad, una cadena de eventos (afortunados unos, desafortunados otros) ha transformado la composición del equipo, y, si el estado de los micrófonos y sus cables puede ser tomado como un termómetro del estado de salud de la radio, se puede decir que ésta atraviesa por una grave crisis (con el atenuante de que algunos testigos podrían afirmar que los micrófonos siempre han estado en las mismas condiciones). De lo que no hay duda es que atravesamos por un momento en que se deben tomar decisiones y que estas decisiones definirán (una vez más) el futuro de esta estación.

Todo parece indicar —como lo afirmaron varias voces del colectivo en la transmisión especial del 23 de marzo— que nuevamente se apelará a la participación de la comunidad, se abrirán espacios (que por cierto nunca estuvieron cerrados) a nuevas y diferentes expresiones, lo cual implicará inventar nuevos mecanismos de inclusión, que no impliquen desechar o ignorar el trabajo previo, sino al contrario, revalorarlo, reevaluarlo y retomarlo junto con las y los integrantes de la radio que vienen caminando desde años atrás, pero sobre todo, esto deberán hacerlo también, las y los nuevos y desconocidos participantes, así como las audiencias, más aun éstas últimas...

 Foto tomada del muro de Isaín Mandujano

Diez años después

El cuadrante se ha modificado drásticamente, las personas que integran el colectivo han cambiado, incluso la realidad que le circunda se ha transformado. Esa terca realidad que insiste en no coincidir con las recetas, los manifiestos y ni siquiera con las estadísticas. Cuando al fin parecía que la Frecuencia Libre se convertía en la portavoz de la sociedad, la sociedad cambiaba. Hay una misión que esta estación ha cumplido a cabalidad: ser un espacio otro, un foro de denuncia, un altavoz para escuchar los silencios, un espacio de rebeldía y memoria. Sigue y seguirá siendo transgresora.

Los diez años que se cumplen pueden ser una oportunidad no solo para evaluar las misiones cumplidas, sino para ver hacia adelante sin dejar de mirar atrás, diagnosticar la gravedad de la crisis, que no es sólo de la radio, también lo es del movimiento social que esta estación espejea en cierta forma. La diáspora permanente de esta ciudad, de ida y vuelta, territorial y dimensional, sumada a las formas particulares que tiene el tiempo de manifestarse en estos rumbos, obligan a revisar la ruta de manera permanente. La 99.1 ha sido un espacio para la expresión de muchas expresiones, grupos, fracciones y facciones, pero es necesario también que se conciba como un proyecto en sí mismo, más allá de un medio para otros fines. Construir radio ciudadana es más que cumplir horarios y pagar cuotas, es tender puentes, remendar el tejido, hablar la memoria, cantar las voces y rimar los ritmos.

Exigirle a la radio ciudadana lo mismo que deberíamos exigirle a todas las radios, a todos los medios. El aire en el que transmites es un bien común, el uso responsable de ese bien común pasa definitivamente por someterte a la evaluación de esa comunidad. Las empresas, las personas, los grupos o las organizaciones pueden hacer uso de los bienes comunes, pueden cultivarlos y preservarlos, pero no pueden apropiárselos, no deben, no deberían de poder.

Pensarse de nuevo frente a un dial saturado, mirarse en el espejo para identificar la sociedad que habla por tu voz, y la música, que a veces toma su propio camino sin importarle discursos, discusiones o listas de reproducción. Para todo eso puede servir el foro "Haciendo radio: otras voces, otros oídos", para que desde la mirada, la voz y los oídos de compañeras y compañeros podamos ir respondiendo preguntas como ¿De quién es esta radio? ¿A quién le habla? ¿Quién habla desde esa radio? ¿Quién la escucha?, pero también que se pongan sobre la mesa preguntas como ¿Para qué hacemos radio? ¿A dónde va? ¿Por qué seguir haciendo radio?, y otras, más mundanas del tipo ¿Cómo le hacemos para sostener la radio? ¿Debemos transformar la legislación, adaptarnos a ella o caminar —como hasta ahora— por el libre ejercicio del derecho a la libertad de expresión? o bien, ante la necia realidad que nos embiste sin maquillaje alguno... ¿Qué clase de radio estaríamos haciendo si la revolución ya hubiera triunfado? ¿La 99.1 contribuye —y en dado caso, qué tanto— al acceso a la libertad de expresión? ¿Contribuye al derecho de la audiencia a escuchar más voces, de ver más miradas y reflexiones, diferentes a las que el aparato gubernamental y los poderes fácticos nos imponen?

Ojalá que invitadas e invitados a este foro nos ayuden a imaginar ese mundo nuevo que, de cierto modo, ya estamos habitando.